viernes, 15 de septiembre de 2017

JADRAQUE: MEMORIAS TORERAS De Cúchares a Método, pasando por don Antolín.



JADRAQUE: MEMORIAS TORERAS
De Cúchares a Método, pasando por don Antolín.


   Sólo Dios sabe, quizá también lo supo José Antonio Ochaíta quien también en torería fue maestro, de dónde y cuando llegó la afición taurina a la villa de Jadraque.

   Juan Luis Francos, amigo personal y entusiasmado del mundillo de los toros, que dio a la luz tres obras de referencia en torno a la tauromaquia, de vivir, que marchó de este mundo demasiado pronto, se quedaría asombrado al conocer que uno de los toreros de a pie más antiguos de la provincia de Guadalajara fue residente, quizá también en la villa nacido, de Jadraque. Se trató de Juan de Aja, quien junto a Gabriel Bautista, Juan de Villa y Juan Trujillo, fueron los espadas que salieron al ruedo de la plaza Mayor de Madrid el día de San Isidro de 1685. ¡Llovido ah! Los documentos oficiales no nos aclaran el lugar de nacimiento, pero si nos dicen que a la hora de la firma, Juan de Aja era vecino y residente en Jadraque, que ya es decir mucho.

Jadraque, toros en su plaza


   No sabemos si por esas fechas se celebraban en Jadraque torneos taurinos, que es posible que algo hubiese. Afición desde luego había como lo viene a demostrar el hecho de que alguien saliese de allí para acudir a los festejos madrileños, y triunfar.

   Las noticias más certeras en torno a los festejos taurinos de Jadraque se remontan al siglo XIX, en cuanto a las crónicas taurinas; ya que es en el siglo XIX cuando la prensa, con extensión y en algunos casos devoción, da cuenta de lo que ocurre en los ruedos españoles. Por ello conocemos la actuación de un novillero de éxito y fortuna en el último tercio de ese siglo, el novillero que se apodó, y no sabemos por qué, “Método”. Qué fue novillero famoso no cabe la menor duda puesto que toreó por media España antes de retirarse a una respetable finca que adquirió en tierras de la Francia taurina. En Jadraque, que se sepa públicamente, únicamente toreó en una ocasión, el 16 de septiembre de 1886. Llegó a la villa procedente de Sevilla, donde había triunfado, sin conocer lo sucedido el día de antes.

   Celebraba Jadraque sus festejos en coincidencia con las fiestas y ferias de septiembre, a honor y gloria del Santo Cristo de la Cruz a Cuestas, con procesión en su día, el 14, y festejos el 15 y 16. Y celebró por todo lo grande sus dos acontecimientos taurinos el 15 y 16 de septiembre de 1886.

   Había una razón para hacerlo a lo grande. Una razón que marcó el último estertor del verano de 1885 que pasó a la historia local como el año del cólera, en el que la guadaña de la muerte se paseó a capricho por las calles del pueblo y no permitió que en su septiembre las fiestas locales se celebrasen como debido era. Es por ello que para las de 1886 se gestó la revancha. Y se contrató para el día 15 uno de esos festejos que han de pasar a la historia, y a fe que pasó, en lo que hoy se conoce como concurso de ganaderías. Seis bravos toros, seis, que salieron a la plaza Mayor de Jadraque y armaron la revolución. Para cada uno de los seis bravos toros que se lidiaron se contrató a un sobresaliente en espadas. Y Jadraque pasó, aquel día, a la historia de la tauromaquia nacional como la población en la que mayor número de lidiadores se dejaron la vida en el ruedo. Las crónicas son escuetas, y lúgubres como ellas solas: las reses lidiadas se disputaban la competencia de su bravura, tanto, que seis de los lidiadores fueron a la enfermería, tres de ellos fallecieron al momento y los tres restantes quedaron en un estado bastante grave; el primero y segundo espada quizá a estas horas hayan dejado de existir…” El novillero “Método”, el día 16, estoqueó las reses con valentía y trabajó con voluntad. Y sin angustia por lo sucedido el día anterior.

Cúchares, que su apoderado, Antolín Lóoez, llevó a Jadraque

   La cogida y muerte de un torero es el resulto de la batalla. Muchos fueron los torerillos que ansiando gloria y fortuna, por aquellos tiempos, se dejaron la vida en el ruedo de las plazas de villas, aldeas, ciudades y lugares. Porque el público quería espectáculo y aquello, la muerte del torero en el ruedo, formaba parte de la misma fiesta.

   Refulgente Álvarez, que fue torero mejicano de fortuna, sufrió otra grave cogida que a punto estuvo de costarle la pierna izquierda en la corrida que Jadraque celebró a honor de su patrón el 16 de septiembre de 1929; y Luis Mazzantini, que dejó los ruedos por la política y fue Gobernador civil de la provincia, toreó por vez primera en Jadraque el 15 de septiembre de 1879, con revolcón incluido. En tiempos en los que en España, para ganar dinero, sólo se podían elegir dos profesiones medianamente decentes: tenor de ópera, o matador de toros. Y la muerte dejaba paso a la copla:

¿A ustedes les importa? A mí tampoco.
Que regañen el Chato y el Lampillas,
que al Moños en Jadraque le coja un toro,
y lo deje enseñando pantorrillas,
y otras cosas que me guardo por decoro…
   Jacinto Abós, que fue farmacéutico en Jadraque, y corresponsal para la prensa provincial, escribió algunas de las crónicas taurinas jadraqueñas para la prensa nacional. La que hace en torno a la celebrada el 15 de septiembre de 1897, en la que Juan Arregui el Guipuzcoano triunfó con los cuatro bichos que le tocaron en suerte, a honra y gloria de don Antonio Botija Fajardo a la sazón Diputado en Cortes, natural de Barcones y casado en Jadraque con doña Antonia Verdugo, nos pinta igualmente la plaza: A las cuatro de la tarde, y con bastante calor, pero con los tendidos repletos de niñas barbianas…. Por supuesto, a don Antonio Botija también lo rodeaban buena colección de niñas bonitas. Que también, la mujer y la mantilla, formaban parte del espectáculo taurino.

   Jadraque llevó a sus ruedos a los más afamados novilleros de la segunda mitad del siglo XIX y de los comienzos del XX, y si no los llevó, según la copla, debiera de haberlo hecho. Puesto que, para triunfar, incluso Rafael Guerra, Guerrita, tenía que pasar por el coso jadraqueño:

Debes ir a matar hasta en Tembleque,
a Valdemoro, a Pinto y a Jadraque,
pero nunca a Madrid, que anda el zumeque,
y todo se convierte en turuleque.

   Gregorio Taravillo, Platerito, también triunfó en la década de 1890, y Nicanor Manjón, Aransaito, en los inicios del siglo XX, cuando también triunfaba Calerito banderilleando con éxito en silla. Eran los tiempos de Araujito, Fitero, El Chuli, Jabonero de Granada, Nacional, Manchego o Cortijano.  Los nombres de quienes triunfaron, y de quienes no, llenarían todo el graderío de la nueva plaza jadraqueña.

   Es sin embargo un torero, que nunca toreó en Jadraque, quien ha pasado a la historia de la población y se le recuerda con mayor devoción entre aficionados o no a la tauromaquia: Francisco Arjona Herrera, Cúchares. 

Luis Mazzanttini, en el centro como gobernador de Guadalajara, fue novillero en Jadraque


   Cúchares regaló al Cristo de la Cruz a Cuestas un cordón con borlas de oro, que el Cristo luce todavía. Lo que Jadraque no recuerda es que hasta allí lo llevó don Antolín López, que este sí que era de Jadraque y gloria de la afición taurómaca. Don Antolín nació en aquellas calles en 1790 y pasada la epopeya de la francesada se plantó en Madrid, donde abrió una tienda de ropa, entonces ropería, en la calle de Toledo. Ropería que se convirtió, por la afición de su dueño, en una de aquellas academias de la torería, que tantas hubo. Fue fundador de la célebre tertulia del Jardinillo, que presidió el duque de Veragua, y referente para el mundo taurino madrileño desde la década de 1820 hasta su muerte, el 9 de agosto de 1866.

   Pero lo que viene al caso es que fue quien lanzó a la fama al afamado Cúchares, y al Tato, y… a tantos de aquellos que, al día de hoy, son nombre en enciclopedia de toros. Y fue su apoderado y hombre de confianza a través de los años. Y de la mano de don Antolín se pasearon por Jadraque las glorias del toreo del siglo XIX y Cúchares dejó en Jadraque su cordón de oro antes de marcharse a La Habana y volver de allí dentro de una caja de latón, a veinte años de su muerte. Pero eso es ya otra historia. Otra memoria de la torería jadraqueña.
   
Tomás Gismera Velasco
Nueva Alcarria, Guadalajara,
15 de septiembre 2017