viernes, 29 de septiembre de 2017

ATIENZA Y SU VIAJE A LAS INDIAS



ATIENZA Y SU VIAJE A LAS INDIAS
Memoria de los primeros hijos de Atienza que pisaron el Nuevo Continente



   Se tiende a pensar que esta cosa de la emigración, fenómeno que con la crisis parece ganar nuevos adeptos, viene de tiempos recientes. Sin embargo, si nos adentramos en las páginas del libro de nuestra propia historia podremos comprobar que no es así, que el fenómeno está en el mundo desde que el mundo es mundo. Que el humano es animal que, como todos las especies, busca vivir.

   No nos remontaremos tan lejos, para centrarnos en el fenómeno del descubrimiento de América, que llevó a aquel Continente a un gran número de naturales de la provincia de Guadalajara. Hoy, hablo de mi pueblo natal, de Atienza.

   Fueron varias decenas los naturales de la villa que hicieron el viaje. En la mayoría de los casos para no regresar, formando en el Nuevo Continente una nueva familia. Cierto es también que en aquellos tiempos, siglos XVI al XVIII, el Nuevo Continente era la tierra de las oportunidades.

Numerosos hijos de Atienza, dejaron sus bienes, en el Nuevo Continente, al Cabildo de Clérigos
 
   Entre aquellos primeros atencinos que emigraron a las Indias, encontramos a un tal Juan de Salazar, quien solicitó hacer el viaje en compañía de su familia. Su nombre aparece en uno de los catálogos de pasajeros fechado entre 1509 y 1534. El mal estado del documento no permite averiguar nada más en torno a él, si bien figura como natural y residente en Atienza en el momento del embarque y de la solicitud de hacerlo, ya que como nos podemos imaginar, para llevarlo a cabo era necesario reunir una serie de requisitos: ser mayor de edad, preferiblemente soltero, y con medios suficientes para ganarse la vida, o con familia en el lugar de destino, que los pudiese avalar.

   Igualmente y entre aquellos primeros emigrantes, nos encontramos a Antonio de la Riba, hijo de Juan de la Riba y de María López, el cual solicitó la correspondiente autorización de partida el 17 de marzo de 1513

   Aquellos primeros años del siglo XVI, apenas descubierto el Continente americano, debieron de ser número elevado quienes se decidieron a emprender la nueva vida. Debió de ser esta una época en la que el número de emigrantes a las Indias fue elevado, tanto de Castilla como de la comarca de Atienza, ya que se conserva en el Archivo General de Indias un curioso documento mediante el cual se comunica a numerosos corregidores, entre ellos el de Atienza, que aquellas personas que habían preparado el viaje, estando autorizados, no se moviesen de sus lugares de origen hasta llegado el verano. La real cédula está emitida en Medina del Campo el 4 de noviembre de 1531. El documento dice que se haga pregonar en los lugares públicos que los labradores que iban a marchar a Indias aguarden.  Puesto que desde los lugares de origen debían de marchar hacía Sevilla o Cádiz, desde cuyos puertos salían las embarcaciones con rumbo a lo desconocido, y en donde en ocasiones debían de esperarar dos, tres o cuatro meses, sin medios de vida y malviviendo por sus calles hasta que se les asignaba embarcación.

La iglesia de la Trinidad, en Atienza, conserva memorias de la Nueva España

   No todos lograron el éxito, desde luego, aunque conocemos algunos casos en los que este, si no se cumplió totalmente, llegó a hacerles entrar, por medio de terceras personas, en el libro de la historia. Tal es el caso Luis de la Cerda, hijo de Jofre de la Cerda y Juana López de Heredia, a la sazón vecinos todos ellos de Atienza, quien partió con la armada de Juan del Junco el 9 de abril de 1535  rumbo a Cartagena de Indias. Juan del Junco posteriormente sería regidor y corregidor de varias localidades y provincias del Paraguay. Luis de la Cerda, atencino natal o residente, participó junto a Juan del Junco en la conquista del Paraguay.

   En la conquista y descubrimiento de La Florida encontramos a otro atencino, Andrés Ramírez, hijo de Alonso Ramírez y María Gutiérrez, partió para La Florida cuando estaba siendo todavía explorada por los españoles, figurando su solicitud de partida el 26 de enero de 1538. En La Florida se perdió su rastro.

   Algunos de aquellos lo hacían como criados ,marchando con las personas a las que servían. Tal es el caso de Antonio Luzón, que fue uno de los muchos criados que hicieron el viaje a las Indias en 1594 junto a Francisco de Sande, su mujer y sus hijos. Francisco de Sande era Presidente de la Real Audiencia de Guatemala. De nuestro paisano no tenemos más noticias.

   Por medio de los escribanos se conocían en nuestra tierra algunas de las venturas y desventuras de nuestros emigrantes, pues a ellos confiaban la misión de dar las buenas o malas noticias. Puesto que la inmensa mayoría de aquellos que partían desconocían estas artes, la de la lectura y escritura.

   Se conserva, citada por distintos autores, una de aquellas cartas dirigida a otro de nuestros paisanos, quien se había puesto en contacto con parientes del otro lado del mar, para que le buscasen empleo. La carta está llena de sentimiento y se la dirige doña Leonor de Aguilera a su sobrino, Francisco del Castillo, en el mes de junio de 1591. El expediente del viaje de Francisco del Castillo se formalizó, tras no pocos avatares el 20 de febrero de 1594, marchando junto a su mujer María de Vera, y el mayor de sus hijos, Juan del Castillo. Todos naturales y vecinos de Atienza.

   El siglo XVII fue uno de los que más castellanos llevó a las Indias. También la provincia de Guadalajara aportó a aquellas tierras un buen puñado de hombres que engrandecerían el territorio al tiempo que probablemente ellos adquirieron algún que otro capital, o se perdieron en la lista anónima de tantos como quedaron en el olvido.

   Abrió la nómina de los atencinos emigrados, con rumbo al Perú, Francisco Maldonado, de los Maldonado de toda la vida, originario y natural de Salamanca, aunque vecino a la sazón de Atienza, donde se encontraba casado con María de Ocaña. En Atienza les habían nacido sus tres hijos, Alonso, María e Isabel, y para todos ellos solicitó don Francisco licencia de partida el 1 de abril de 1604. Pedro de Soto se fue a las Indias sin que sepamos cuando. Si bien tenemos conocimiento de que en las Indias murió, en la población de Santo Domingo de Guare, provincia de los Conchucos del Perú, donde otorgó poder a determinados parientes atencinos  el 18 de junio de 1625, para que a su muerte, acaecida el 22 de abril de 1626, distribuyesen sus bienes. Sus herederos eran Juan de Soto, beneficiado de la iglesia de la Santísima Trinidad, y Alonso. hermanos ambos del difunto, cuyos bienes ascendían a la importante cantidad de veinticuatro mil setecientos setenta y cuatro maravedíes, heredándolos estos, ya que la mujer de Juan de Soto, María Hierro, había fallecido unos cuantos años antes en la propia Atienza, siendo enterrada en la iglesia de San Juan.

Atienza, de donde salieron buen número de hidalgos camino de América


   Ese mismo año de 1626 otro atencino, Marco Antonio de Salcedo, marchó a las Indias. De profesión escribano, e hijo de Cristóbal de Salcedo e Isabel Meléndez, marcharía a Nueva España junto con su mujer Jerónima Galíndez, natural de San Esteban de Gormaz. El nombre de Marco Antonio de Salcedo, como escribano público, o lo que hoy conoceríamos como Notario, se encuentra en multitud de documentos de la época. Salcedo se asentó en  Nueva España, instalándose en Coyoacán, donde ejerció el oficio hasta su muerte.

   A nuestro paisano Francisco del Rivero, hijo de Juan Gutiérrez del Rivero y de Luisa de Riveros, se le autorizó viajar a Nueva España con un criado que ajustó en Sevilla, de nombre Juan de Aguilera, el 25 de junio de 1626. Los padres de Francisco del Rivero ya se encontraban  en México desde años atrás. También como criado, en esta ocasión del arzobispo de Lima, el riojano Antonio de Soloaga, partió hacia Perú nuestro Juan Palancares en 1713. Juan Palancares contaba a la sazón con  28 años de edad, y de él sabemos que era mediano de cuerpo y pecoso de cara.

  De José de Elgueta, gobernador del Estado de Concepción, en Chile, ya nos ocuparemos.
  Sirvan estas líneas para conocer un poco más lo que fue de los nuestros, al otro lado del mar.

Tomás Gismera Velasco
Nueva Alcarria, 29 de septiembre 2017